Salud

Suicidio infantil en Chile: seis años de aumento sostenido que ya no se pueden ignorar

Entre 2020 y 2025, las muertes por suicidio en niños de 15 años o menos subieron 70% en Chile. Las causas y lo que falta por hacer.

Redacción La Tamaldia|Salud|

Hablar de suicidio incomoda. Hablar de suicidio infantil, todavía más. Sin embargo, los números que registra Chile en los últimos seis años obligan a romper ese silencio: desde 2020, las muertes por esta causa en niños y niñas de 15 años o menos no han dejado de crecer.

Según datos analizados por la organización especializada en salud mental Treinta y dos, la tasa ajustada por edad pasó de 0,37 a 0,63 fallecimientos por cada cien mil habitantes en ese tramo etario, lo que representa un alza de 70% en apenas cinco años. En cifras absolutas, se pasó de 15 muertes anuales en 2020 a 28 en 2025. Seis años seguidos apuntando en la misma dirección.

Los números pueden parecer pequeños, pero su significado es enorme: estamos hablando de una población de muy corta edad, en la que cada caso representa una tragedia que sacude no solo a la familia, sino también al colegio, al barrio y a toda la comunidad que rodea a ese niño o niña.

Un dato que llama la atención es que 2020, el año del confinamiento más estricto, registró la tasa más baja de toda la serie. Sin embargo, lo que vino después fue peor. La desescolarización prolongada, las cuarentenas, el cierre de consultas de salud mental mientras los equipos sanitarios atendían la emergencia del COVID-19, dejaron una deuda acumulada con la infancia chilena. Una deuda que el sistema aún no ha podido saldar.

¿Por qué cuesta tanto responder? Las razones son varias:

  • Escasez de especialistas en psiquiatría y psicología infanto-juvenil en todo el país.
  • Acceso restringido a atención de salud mental para niños en el sistema público.
  • Colegios sin herramientas suficientes para acompañar a estudiantes que volvieron de la pandemia con mayor vulnerabilidad emocional.

En este contexto, la incorporación del GES de hospitalización psiquiátrica en menores de edad es un avance que vale reconocer. Pero, como advierten desde Treinta y dos, llega tarde en la trayectoria: se activa cuando la crisis ya escaló, no antes. La prevención temprana sigue siendo la gran asignatura pendiente.

Para las familias chilenas, el mensaje es claro: preguntar, escuchar y buscar ayuda no es exagerar. Las señales de alerta en niños y niñas —tristeza persistente, aislamiento, cambios bruscos de conducta— merecen atención antes de que se conviertan en una emergencia. El tiempo de actuar es ahora, no cuando ya no quede margen.

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